martes, julio 26, 2005

confesiones castrenses 1

tenia un reloj casio con cincuenta alarmas, cuando estaba en servicio de guardia (parado tres horas en una garita) en el turno de 1am a 4am, lo ponia a que sonara cada tres minutos, programar así la alarma me demoraba unos diez minutos y luego podia dedicar a dormir de pie, con la visera tapando la cara para que no se vieran los ojos cerrados, recostando la parte delantera de un hombro contra unas de las 'ventanas' de la garita y aparentar estar alerta. Y así dormia tranquilamente todo mi turno de guardia sin despertar sospechas y sobre todo evitando ser descubierto.

1 comentario:

  1. No era el único que lo hacía, Sergio era otro experto en ese arte.

    Es increible la capacidad de adaptación que uno demuestra durante ese inutil año. Yo, por ejemplo, robaba en descampado y participé sin remordimiento en varios ajusticiamientos que ahora mismo no hubiera tolerado ni aceptado.

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